Hace unos días volvía de mi trabajo a casa ya tarde, eran más de las diez de la noche y observé que tres jóvenes salían de la oficina de una sucursal bancaria del centro de la ciudad. Unos metros más allá un corrilo de chicas jóvenes se despedían a la puerta de un supermercado. Me encaré ya con una de las últimas calles que me faltaba por recorrer, la última incorporada a la ya cada vez más extensa ruta de los vinos. Eso sí, los bares hasta arriba de jubilados y prejubilados disfrutando a tope de la tercera noche de fútbol consecutiva, martes, miércoles y ahora también los jueves, rindiéndose como nunca ante el gran negocio-droga del fútbol que sólo enriquece a unos pocos.
En el último tramo de mi recorrido iba pensando yo para mis adentros que cómo vamos a estimular la creación de nuevas familias sometiendo a nuestros jóvenes a una imposible conciliación de la vida familiar con la profesional que les obliga a ir postergando sus planes año tras año hasta que se les pasa ya la fecha.
He preguntado e indagado algo sobre la vida de algunos y algunas jóvenes que se han incorporado recientemente a una entidad bancaria.
La gran noticia
María, cuando hace unos meses recibió la llamada de Madrid diciéndole que se tenía que incorporar en una semana a una sucursal de un pueblo de Salamanca estalló de alegría. Por fin podría trabajar, ser independiente. Además, trabajar en un banco de casi 20.000 trabajadores es una gran oportunidad de hacer carrera. Su familia estaría orgullosa.
Antecedentes
Esa entidad bancaria está ganando actualmente mucho dinero, pero ante la crisis quiere encarar un nuevo año prejubilando a casi 800 empleados, y contratando a otros 700 nuevos, la mayoría jóvenes. Esa “operación” llevada a cabo cada año le va a ocasionar un ahorro considerable. Cada año se quejan los sindicatos de que hay un déficit entre la gente que se jubila y las nuevas incorporaciones. Pero tiene truco. A un veterano del banco que ha vivido las épocas gloriosas de los horarios raquíticos y las suculantes dietas y comisiones no le puedes convencer que se quede a trabajar hasta las 10 de la noche. A María sí.
La estrategia
A María la puedes “adiestrar” para que trague lo que haga falta. ¿Cómo? Muy sencillo. Lo primero, apartarla totalmente de su familia. Destinarla a un punto lo suficientemente lejano de su casa y su familia y amigos para, una vez aislada en un lugar desconocido poder estampar en su cerebro la frase mágica: “El banco es tu vida”. En la sucursal donde se integra María debe exitir un director que no tenga escrúpulos y sea muy ambicioso (también puede ser directora, aunque eso es muchísimo más raro). Si María va destinada de agente comercial va a ser evaluada por sus resultados (tanto vendes, tanto vales). Pero a María, ya desde el primer día le dicen que tiene que hacer de todo para “empaparse” del banco. Así que la preparan para que haga de todo. El cajero ya es mayor y se pone enfermo, muchas veces son las depresiones típicas de los cincuenta o sesenta originadas porque no le concedieron la prejubilación y al otro sí. Así que María a la caja. Por la tarde, justo después de comer, a aprender nuevas cosas y a llamar por teléfono a clientes para informarles de nuevos productos y paquetes muy agresivos para fidelizar por años a clientes inexpertos que acaban siendo presa del marketing por no leer la letra pequeña de los contratos inexpugnables que firmamos.
La realidad
A la mañana siguiente algunos clientes llegan a la oficina pero ya no hablan con María porque está en la caja, o ha salido a hacer algún recado para el director. Entonces les atiende otra u otro comercial más experto que ya ha superado el período de “aguanta o revienta” y ya tiene perfectamente identificado en su cerebro la frasecita de antes (“El banco es tu vida”). Así que a María no le cuentan los resultados, ni las comisiones. Su inexperiencia le obliga a ser más agresiva y comienza a inquietarse. Entonces el director le dice un día “Quiero veros con escotes y faldas más cortas, que a muchos clientes les gusta que haya una buena decoración en la oficina”. Un silencio inquietante se produce, una sonrisa aparece en el rostro de la comercial más veterana. María no da crédito a lo que oye. A partir de ahí se suceden los comentarios soeces y machistas de forma cotidiana, una forma más de apuntalar su “poder” que no autoridad. El director suele ser una persona que sale muy tarde de trabajar, ha roto su familia o si la tiene no la conoce. Su mujer lleva una doble vida y sus hijos pasan de él, con lo que su vida está destrozada y se refugia en el banco donde su poder lo emplea para someter a “sus empleados”, porque eso es lo que llega a pensar, que la empresa es suya y aquellos son sus empleados y que hasta los paga él.
El acoso
Un día entra un cliente en la oficina y María se encuentra en su mesa. El cliente, de esos especímenes que aún quedan que creen que se puede comprar todo con dinero, queda entusiasmado con la belleza de María. Así que los próximos días sigue volviendo por el banco, siempre con el pretexto de adquirir unos paquetes de acciones que nunca cierra. Llega a un punto en que propone a María que podrían firmar el contrato en su hotel, que tiene una habitación muy confortable y que allí podrían hacerlo más tranquilos. María despacha al cliente dejándole bien claro que su puesto de trabajo tiene un sitio que es la oficina. María informa al director que de ahora en adelante prefiere que ese cliente sea atendido por otras personas y le informa de sus insinuaciones. El director entonces lejos de adoptar una postura de preocupación por su trabajadora, le echa una bronca por no acceder a las pretensiones del cliente. “Nuestra obligación es atender a los clientes y más concretamente la tuya, que por cierto vas fatal de resultados, es vender productos a los clientes, aunque para ello tengas que desplazarte a un hotel o a donde haga falta”. María a sus veintipocos años no había sido preparada para esto. Un nudo en el estómago le atenazó y las ganas de vomitar le indicaron el camino más corto para poder expulsar aquel aire putrefacto de aquel despacho de gorrinos.
En aquella oficina, María tenía que trabajar más que antes, pero cada vez le metían más trabajos de los otros, porque ya había varios de baja. Nunca salía antes de las 9 de la noche. Pero en las reuniones María nunca estaba. El director le apartó, intentó aislarla. Suele ser el castigo que se impone a los reclusos en las cárceles cuando peor te portas, ir a una celda aislada. Pero aún es más duro que te aislen dentro de los espacios comunes.
El derribo
Una mañana, María estaba sentada en su mesa cuando un barbilampiño joven entró por la puerta y se fué directamente a la mesa de esta, quizás atraído por la innata sonrisa que lucía esa mañana. María le saludó amablemente pensando que era un cliente, pero unos minutos después se enteró que era su sustituto, cuando de la forma más cruda y humillante, el director con una enorme sonrisa de vencedor la “invitó” a dejar su mesa al nuevo fichaje. María recibió un “shock” tal que salió a la calle llorando sin saber donde ir. Al final acabó tendida ante la mirada preocupada de un médico que intentaba tranquilizarla y estabilizarla.
El resultado
María ahora se encuentra en tratamiento psicológico. Pero no se encuentra sola. Tiene a un gran sindicato detrás. Y debería tener la comprensión del presidente de su banco, aunque dudo mucho de que llegue a enterarse nunca de lo que ocurre en la entidad que preside, quizás porque lo único que le interese son las cifras y el poder. Alguien que en plena crisis, en gran parte originada por la propia banca, es capaz de sentarse con el mismísimo presidente de la nación y amedrentarle lo suficiente para que les pague un impuesto revolucionario actuando casi como terroristas, con amenazas, o que ante micrófonos que creía cerrados se le escape frases tan soeces como avergonzantes para un personaje tan “respetado”. O que permita y favorezca el pago de esas enormes cantidades de dinero tanto a ejecutivos en activo expertos en defender los territorios marcados por la jerarquía como en premiarlos con auténticas fortunas cuando se jubilan. Además, posiblemente estuviese de acuerdo con todo y le ascendiese al director a director de zona o algo así.
La gran mentira
Es curioso, la primera entidad bancaria en firmar un plan de igualdad y quizás la que más la incumple. Todo es fachada, marketing puro, la realidad es que los casos de acoso en el trabajo aumentan cada vez más y en los casos de las jóvenes que se incorporan, el acoso sexual va muy relacionado con el anterior. Nadie se atreve a utilizar el protocolo. Está escrito, hay un protocolo para estos casos pero pierdes siempre el trabajo y hasta la reputación.
La esperanza
Sólo comenzaré a ver atisbos de cambio en nuestro país cuando el caso de María sea algo aislado. Por ahora, mi comprensión a María y todas aquellas “marías” que sufren en silencio uno de los mayores castigos que puede recibir una joven (o un joven): el robo de su ilusión.
Ha sido un gran avance el tener una vicepresidenta, y también una ministra de defensa (la cual por cierto veo mejor como futura presidenta), pero la gran decepción es que en nuestro caso el gobierno va por delante de sus ciudadanos. Somos nosotros los únicos responsables de lo que está pasando y los que lo tenemos que atajar con un cambio de mentalidad urgente las situaciones que cada día se producen en miles de oficinas, despachos, naves, hogares y hasta en la misma calle a la luz del día.




