lunes, 14 de abril de 2008

Frustración ciudadana

Según una definición común y extendida, la participación ciudadana se relaciona principalmente con la democracia participativa y directa. Está basada en varios mecanismos para que la población tenga acceso a las decisiones del gobierno de manera independiente sin necesidad de formar parte del gobierno o de un partido político.A partir de estos conceptos podemos comprobar de muchas maneras que el sistema político no está abierto a la participación, ni al diálogo constante con los ciudadanos, ni a potenciar la cultura de la autonomía entre la ciudadanía. Una forma de comprobarlo es constatar la distancia que hay entre las posibilidades teóricas de participación de la ciudadanía y las que ejerce en la práctica que se limitan a votar cada cuatro años.
Un ejemplo entre muchos es la presencia de blogs de muchos políticos que se pasaban horas despachando la participación de los ciudadan@s en ellos antes de las elecciones. Si vemos alguno de ellos, ya no hay casi actividad y si la hay no estimulan la participación en los mismos. Por ejemplo el blog del alcalde de Vetusta quedó frito el diez de febrero y desde entonces sólo ha tenido una entrada el pasado día dos.
Pero ¿qué piensa la sociedad? En realidad los medios son en cierta manera la expresión de lo que piensa la sociedad. Pero los medios están bajo control, sin embargo en esta nueva sociedad-red que se está imponiendo Internet no se puede controlar, por tanto teniendo en cuenta que entre los menores de 25 años más del 90% son usuarios habituales de Internet, nos encontramos ante un nuevo modelo de sociedad con el gran medio en libertad. Esto va a suponer un enorme esfuerzo a la clase política por adecuarse a los nuevos tiempos.
Estimular la participación ciudadana ya no es tan adecuado para los objetivos de algunos partidos. Algunos políticos basan sus estrategias en el control de los medios. Antes de unas elecciones toda la energía de los partidos se funde en su interior en la confección de las listas. En ese momento los ciudadanos siempre están al margen. Unos equipos luchan contra otros, a veces trasciende y a veces no, pero la enorme energía que se consume en esas luchas y el valor tan grande de algunas víctimas supone ya una pérdida para una ciudadanía siempre al margen.
Llega el período de las elecciones y los partidos se vuelcan con la ciudadanía. Los políticos son auténticas máquinas de saludar. Siempre con la sonrisa en los labios, tan cercanos y honrados, prometen lo que haga falta. Los ciudadanos de este país generalmente no apuntan nada, así que muchos de ellos se olvidan de todo en cuatro años. Es el momento álgido de la participación ciudadana, los medios tradicionales la estimulan y hasta en la red hay una gran presencia. La ciudadanía se hace cómplice con los políticos y demuestra su implicación.
Pasan las elecciones, todavía existe un pequeño período en que la ciudadanía según del bando ganador festeja su triunfo o por el contrario eleva multitud de pronósticos de desastres futuros por no haber ganado su opción.
A partir de aquí llega la frustración ciudadana. Porque mucha gente se había hecho ilusión de que la clase política pensaba en ella y quiere seguir participando. Ahí es dónde se encuentra con las puertas cerradas. Los partidos vuelven a poner en marcha su ciclo interior, es decir, congresos donde toda la energía vuelve a emplearse en los pasillos y las sillas, los despachos y los cheques regalo o el escarmiento según el entorno donde haya estado cada uno haya sumado o haya restado votos. Es el comienzo de una etapa de más o menos tres años en los que la ciudadanía estará prácticamente al margen, espectadora ante el intercambio de descalificaciones e insultos a que ya está acostumbrada.
Casi todos los órganos teóricos de participación ciudadana estarán controlados por los partidos políticos, así que el ciudadano o ciudadana que desee participar activamente debe afiliarse a un partido, es su única vía si realmente quiere “participar” en algo relacionado con las decisiones del gobierno, aunque su frustración será mayor cuando compruebe que las decisiones se toman de arriba para abajo y no al revés, y cuando hablo de gobierno me refiero al de barrio, local, autonómico, nacional, etc. es decir, la fuerza responsable del entorno en cuestión.
Así que habrá que esperar algunos años para que la ciudadanía de este país vaya cambiando gracias a los nuevos tiempos que proporcionan medios libres como la red y a una juventud que se vaya incorporando a la sociedad con sus nuevas ideas y sus nuevos retos. En España entre los mayores de 55 años sólo el 9% son usuarios de Internet, aunque la verdadera brecha digital como dirían muchos es que en este colectivo el 55% no ha completado la educación secundaria. Este tercer milenio ha comenzado muy deprisa y la ciudadanía tiene que exigir a su clase política que se ponga al día. Algunos partidos políticos no aguantarán estos cambios, porque para no padecer los cambios el mejor arma es ser protagonista de los mismos y para eso hay que tener capacidad creativa y humildad para aprender de los demás.
En éste sentido, congratulémonos todos los españoles por haber sabido elegir bien. Los cambios ya están en marcha. Un líder como José Luis Rodríguez Zapatero tiene las cosas claras, y sobre todo la velocidad del que está seguro de lo que hace y tiene compañeros de viaje capaces de converger a un proyecto común en continua evolución. Que se extienda su espíritu va a suponer un avance enorme de la ciudadanía nacional.
Que desaparezcan los capos, los mafiosos que sólo piensan en comer, beber y enriquecerse a costa de los demás. En manipularlo todo desde su ambición. Que desaparezcan de todos los pueblos de España los que sólo buscan la ruina de los demás para ensalzar su riqueza y su ego. Porque crean frustración y retroceso. Vetusta ¡despierta!