miércoles, 9 de abril de 2008

Comercio ilegal permitido


Ahora la cogieron con los cds, dvds., los bolsos,… Mañana igual lo hacen con los libros o sabe quien con qué (prefiero no dar más ideas). El caso es que está claro que la calle es de todos, pero no todos pagan los mismos impuestos para que esa calle esté limpia y sea segura. Veamos un ejemplo, Oviedo, sábado 4 de Abril 2008, 13 h. 48’, calle Doctor Casal, eje comercial de la ciudad, muchas personas con bolsas, primeros de mes, nómina fresca y buen tiempo. La calle, peatonal, estrecha, por la que pasan miles de personas cada día une la calle Uría con 9 de Mayo, del Corte Inglés de Uría al Centro Comercial Salesas. En esa calle hay alguna tienda que vende bolsos, de precios muy variables, es decir, hay oferta suficiente tanto de precios, calidad y diseño. Ninguna de esas tiendas tiene permitido sacar su material a la calle en expositores, y si lo hiciera tendría una multa sustancial de las autoridades. Tienen que pagar un alto precio de alquiler del local, el cual ya tiene un alto IBI por el sitio donde está. Hay que pagar impuestos a la Consejería de Hacienda, al Ayuntamiento, seguridad social de empleados así como su nómina, y si el comerciante es autónomo lo mismo y su propia seguridad social. Gastos de agua, alcantarillado, recogida de basura, energía eléctrica, teléfonos, publicidad, seguros,…

Total, un rosario de gastos que afectan al producto. Imaginemos un bolso de 20 €. De esa cantidad, una parte pequeñita queda de beneficio, pongamos 40 cts., y el resto se va para pagar al empleado que posiblemente no llegue a los mil euros mes, otra parte se va al empleado que limpia esa calle, al sueldo del administrativo del banco con el que trabaja la tienda, la factura del informático que ha hecho su aplicación de ventas y el mantenimiento de la misma, el supersueldo del superalcalde de la ciudad, los viajes de algunos concejales a ciudades hermanadas de otros continentes y por tanto los sueldos de los trabajadores de la agencia de viajes con quien los contratan, los sueldos de los policías locales que suele pasar por dicha calle de forma esporádica sin bajarse de la moto, el sueldo del mecánico del taller de esas motos, los sueldos del chofer de la ambulancia que acudió a la tienda aquél día que le dio un infarto a un cliente, el sueldo del policía nacional que acudió al aviso de robo, la comisión del representante comercial que vende el bolso a la tienda, la factura del autónomo dependiente de la empresa de transportes que lo lleva del almacén a la tienda, el sueldo del operario de la empresa de artes gráficas que hace la impresión de bolsas y otros productos para la tienda, …, no sigo porque en esta cadena hay miles de personas. Todo un sistema establecido que nos permite vivir como vivimos.

Ahora, analicemos a dónde van los 20 € del bolso que vende el ilegal. Unos céntimos, pongamos el doble, 80 van para el pobre hombre que lo está vendiendo en la calle, que tendrá que repartir con el que tiene detrás, preparado para correr con la mercancía cuando vean llegar las motos de los polis. Y el resto, ¿alguien sabe a dónde van? Quizás para pagar a unos ilegales que los apilan en las estanterías de una nave de Getafe (por decir cualquier sitio), otros ilegales que lo transportan en coches que no pagan ni seguro obligatorio, otros ilegales matones que vigilan la nave, el supersueldo del superempresario capo que tendrá las tapaderas legales perfectas para seguir viviendo en su superchalet de La Moraleja (por decir un sitio cualquiera) y así podríamos seguir con unas pocas personas más, la mayor parte de ellas al margen de la ley.

Ahora, cuando pases por esa calle, mira hacia el suelo y verás ese material ilegal y piensa en tu sueldo, o en el sustento de tu pareja, hijos, etc. y piensa si merece la pena poner en riesgo nuestro sistema de vida.

Y piensa también por qué las autoridades lo permiten. Por que si están, es que nadie lo impide. Y que yo sepa, parte de los impuestos locales van para pagar el apartado de seguridad, es decir, aquel que se encarga de que se cumplan las leyes.

Y mejor dejamos al lado lo de la falsa compasión. Parece como si haciendo la vista gorda permitimos vivir a esos desgraciados, pero en realidad estamos facilitando su desgracia. Si su actividad fuese legal tendrían derechos como trabajadores y como ciudadanos. Muchos inmigrantes se incorporan a nuestro sistema porque parece que les gusta más que el de su país de origen, pero al hacerlo contribuyen a que el sistema siga funcionando. Otros pretenden vivir de nuestro sistema sin integrarse en él.

Dos conclusiones:

No compremos ilegal. Seríamos cómplices.

¿Dónde está la policía? Quizás sea más rentable retirar coches mal aparcados que mercancías mal “aparcadas”.